Formas parte de mí, aunque no vuelva a verte nunca
Generalmente cuando iba a dejarle en su casa, la Celeste llegaba directo a comer. O se acostaba en la cama de su madre. O se instalaba en uno de los sillones de su sala. Una sala que también fue mía. Una sala de un hogar que fue mío, pero que ya no es, y del que me acordaba cada vez que estaba ahí, provocándome, últimamente, una nostalgia innecesaria. Cuando la Celeste entendía que me estaba despidiendo para no verme algunos días, se desentendía de mí, inmediatamente después de darle un beso en su cabeza y decirle Te Amo. Pero este último domingo no se portó indiferente después del beso. Más bien, se quedó firme, erguida. Me miró a los ojos con serenidad. En ese momento sí la sentí especial a esa mirada, pero me conmovió después, cuando caí en cuenta de que ese fue nuestro último contacto, a través de la mirada, mi manera preferida de conectarme con los animales. La serenidad en el gesto de la Chele yo la interpreto como una forma de transmitirme tranquilidad. Porque ya no sentí e...