Los zapatos de mi papá

Suena ‘Cómo te voy a olvidar’, de Los Ángeles Azules con Vicentico. Faltan dos días. Dos días para estar bailando en el cumbión por mis 40. Tal vez este va a ser el último texto significativo que escriba en mis -aún- treintas. 

Estoy puesto unos zapatos que me regaló mi papá, de pura casualidad, que no son mis favoritos, pero sí especiales. Son "casuales", un término muy abstracto para definir el estilo de un calzado que se siente deportivo, aunque quisiera verse más elegante o acartonado. Pero el caucho de las suelas sobresale más que el cuero del resto del zapato, y eso le condena a ser -indudablemente- deportivo. Ahora entiendo que decir "casuales" ahorra una tediosa descripción como la que acabo de hacer.


Son zapatos especiales sobre todo ahora, en estos días en los que asigno un significado o un propósito especial a cosas que hago o dejo de hacer, o que suceden espontáneamente y que yo pienso que pueden ser señales de algo. 


Los zapatos que me regaló mi papá quedan perfecto con la pinta que decidí lucir en el cumbión. No hay otra opción. Quizás una, pero es de un cuerpo muy formal. Y no quiero estar completamente formal en un cumbión. Con la chaqueta y camisa es suficiente. El pantalón de tela y los zapatos que me regaló mi papá complementan bien para hacer semi a lo formal. No se diga más.


Estoy seguro que esto no significa absolutamente nada. Pero una parte de mis pensamientos me hace creer que sí, que es muy simbólico el hecho de que calce en unos zapatos que originalmente fueron de mi papá. Tal vez significa que a estas alturas de la vida tengo la misma estatura de Fabián, mi padre, en sus cuarenta también. Estatura moral, me refiero, aunque soy también bajito como él.


O, tal vez, quiere decir que a partir de ahora calzaré igual que mi papá, lo que implica que seguiré sus pasos en este reto de enfrentar la adultez, a veces con pasos cortitos pero seguros de autenticidad, y a veces con zancadas de nobleza y perseverancia, a ritmos variables, según las urgencias y pausas de esta vida adulta.


Quién sabe qué significa. 


Estoy seguro que esto no significa absolutamente nada, pero igual me hace sentir bien el atribuirle este significado a algo espontáneo, que surge a menos de cuarenta y ocho horas de convertirme en cuarentón. Resulta una motivación muy emocionante para convencerme de que puedo seguir, entre dudas y miedos, entusiasmos y cansancios, entre sueños y casualidades, con virtudes que he aprendido de mi papá, quien  tuvo a su quinto hijo, es decir Andrés (que se iba a llamar Álvaro), precisamente a la edad que tengo ahora.


Eso tampoco significa nada, pero suena curioso y emotivo.


21h14. Ya falta poco.

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