Martes, cerca de medianoche
Tengo un entusiasmo inusual. Puede ser que hoy estrené unos zapatos comodísimos. Muy suaves. Son para montaña. Por eso entiendo que provocan esa satisfacción. Para que en las caminatas largas de los ascensos no sufra el pie. Pero no sé cuándo los estrenaré como se debe. Por lo pronto, usarlas en el trabajo no es mala idea, porque hay días que camino bastante, porque combinan con el uniforme y porque son compatibles con la rutina del zoo, que puede involucrar vaivenes exigentes entre diferentes zonas del parque, exploraciones en terrenos silvestres o ciertas aventuras inesperadas.
Puede ser también porque vi un documental sobre Nora Ephron, escritora, guionista y directora de cine estadounidense que no conocía. Su hijo le dedicó “Todo es copia”, una película sobre su vida que terminó en el 2012, debido a una leucemia que ella no la quiso hacer pública, pese a que gran parte de su vida privada fue ventilada públicamente, sobre todo cuando comenzó a dedicarse a la ficción y escribió su primera novela, Heartburn, basada en la traición de su esposo que acabó con el segundo matrimonio de Nora. El traicionero fue Carl Berstein, una celebridad del periodismo estadounidense que ganó un Pullitzer por las investigaciones que desarrolló, junto con Bob Wodward para el Washington Post, que reveló el escándalo de Watergate a principios de los años 70, lo que implicó la dimisión de Richard Nixon, presidente de Estados Unidos en esa época.
Aunque Nora Ephron ya posicionó su nombre y prestigio en el mundo periodístico norteamericano por su trabajo para la revista Esquire, su faceta de escritura y dirección en el cine la consolidaron como un personaje admirado por actores, actrices, periodistas, productores, cineastas, artistas y la opinión pública en general. La admiración que se ganó con su trayectoria coloca en segundo plano la fama de malvada que le atribuyen algunas de las mismas personas que le admiran, según cuentan en el documental. Esa particularidad de Nora responde, según varios entrevistados y entrevistadas, a su, severidad y franqueza para criticar a gente con la que tenía algún lío o que simplemente no eran de su agrado.
Ahora caigo en cuenta que el fin de semana escribí un cuento en el que la protagonista se llama Nora. Y aún no sabía de la existencia de Nora Ephron hasta hoy que encontré, azarosamente, como me encanta, este documental sobre su vida. No es nada más que una coincidencia que no significa nada más, pero sentí la necesidad de contarlo.
O, tal vez, sí es una señal. No sé de qué, pero quién sabe.
No entiendo por qué el entusiasmo a esta hora, casi las once de la noche de un martes. Normalmente a estas alturas de la existencia yo estoy cansado y, muy probablemente, resignado al letargo que deja una jornada normal de trabajo. Al final del documental cabeceé un poco y tuve que retroceder algunas partes para no echar a perder el momento que dediqué a ver “Todo es copia”, un título que no termino de entender, aunque en la primera secuencia de la película el director cuenta que su mamá decía que todo lo que ocurre en la vida puede ser inspiración para contarse; que si alguien se resbala con una banana puede dejar de ser víctima de ese accidente y transformarse en protagonista de un gran suceso si decide contar que se resbaló con una banana. Algo así. Por eso no estoy muy de acuerdo con el título del film, pero no es un problema.
Lo importante, en definitiva, es aprovecharle al entusiasmo cuando se hace presente. Aunque sea martes, cerca de la medianoche. Escribir es una manera de canalizar la energía que provoca esta emoción que quiero que deje de ser inusual.
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