Querido Pepe:
Hoy, en tu natal Montevideo sucedió el triste suceso tu muerte. Era algo que estaba por ocurrir, cuando decidiste ya no someterte a más tratamientos contra el cáncer que soportaste. No tuve el gusto de conocerte en persona, pero tuve la suerte de vivir en una época en la que dejaste marcado un camino que debería ser imprescindible para cualquier persona que quiera hacer política.
Alguna vez me interesó la política. Sentía que podía ser una herramienta efectiva para hacer más justo a este mundo, a través de un liderazgo que no le falte humanidad y coherencia. Pero, lastimosamente, esa es una excepción; esos no son valores "populares". Los políticos de ahora aprovechan de su práctica para conveniencia propia, antes que del resto. Generalizar puede ser injusto, pero el mundo se pudre precisamente porque es administrado por "líderes" que actúan de una forma completamente contraria tu manera de ejercer la política.
Me habría gustado entrevistarte y hacerte las siguientes preguntas:
¿Por qué Latinoamérica no es capaz de ser una sola fuerza para superar el subdesarrollo, si tenemos las mismas necesidades?
¿Qué es lo más importante que se puede cosechar en el ocaso de la vida?
Estoy seguro que de ahí habrían surgido maravillosas respuestas desde tu sencillez, franqueza e inteligencia. Además, habrían sido inevitables algunas re preguntas más, porque me imagino que sostener una conversación contigo era un placer del que pocos o muchos gozaron.
Me pone triste tu partida porque el mundo pierde un referente de la coherencia, de la justicia social, de la humildad, de la auténtica política que debe dejar huellas positivas y nunca al contrario. Quizá te idealizo con exageración, porque como eras humano también tenías debilidades y defectos, seguramente. Pero yo solo conocí al personaje trascendente que el mundo necesitaba para aprender de él, para convencerse de que un líder positivo no es solo una idea o un concepto; puede ser un tipo que asumió con responsabilidad un rol con el que tenía que dejar precedentes concretos y palpables de trabajo honesto al servicio de una sociedad, siempre con conciencia social.
Tu forma de vida ejemplar y tu dialéctica serán siempre señales de esperanza para quienes soñamos con un mundo más humano, más equitativo, menos ambicioso, menos egoísta. De esa forma seguirás vigente siempre en la memoria colectiva que ahora te evocará con nostalgia y gratitud.
Gracias, Pepe, porque personificaste, pública y desinteresadamente, la esencia que nunca debería faltarnos: la humanidad.
Descansa en paz.
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