La cotidianidad no es monotonía
Le estoy perdiendo el gusto a caminar, aunque ahora escribo mientras camino. Es como una pereza inexplicable que solo la Celeste es capaz de anularla. Pero me cuesta, de todas maneras. Me preocupa que me cueste, además, porque hasta hace poco, supongo, disfrutaba de caminar.
Tal vez estoy exagerando con mi preocupación. Quizás es solo algo momentáneo. Pero también puede ser la señal de algo más angustiante. No tengo idea de qué puede ser, o puede ser que sí.
Intuyo, por ejemplo, que puede ser la monotonía en la que esta vida se está inmiscuyendo. Aunque resulta algo contradictorio decir esto, apenas una semana después de haber vuelto de México. Un viaje siempre rompe rutinas y monotonías, al menos temporalmente.
Claro, ahí está la cuestión. Regresar de un viaje a la rutina es también monótono. Pero también es inevitable porque, si no somos nómadas, ¿a dónde volvemos después de un viaje? Al puerto seguro, al hogar, al trabajo, a la cotidianidad.
Sí, la cotidianidad; la vida diaria en su máxima expresión que al mencionarla me devuelve la esperanza de no sucumbir ante la monotonía. Porque ambos conceptos son opuestos, pero existe el grave error de creerlos similares.
La monotonía es como una película lineal, que se presenta como tal desde un inicio, anticipando lo que se sabe que va a ocurrir, sin posibilidad de sobresaltos de tiempo o de emociones. La cotidianidad es fuente permanente de esos sobresaltos, donde la linealidad es imposible porque al azar le encanta alterar su regularidad.
Para que la vida se vuelva interesante, hay que evitar caer en la trampa de la monotonía. Es decir, al transcurrir de los días no se le debe atravesar en línea recta, porque muy seguramente podríamos conocer el desenlace.
No está mal aferrarse a eso que conocemos como estabilidad, pero si asumimos el día a día dispuestos a sentirlo desde la cotidianidad y su esencia sorpresiva, la existencia puede volverse más entretenida. Incluso, dejar que la vida sea cotidiana y no monótona nos tiene mejor preparados ante una verdad indiscutible: no todas las historias lineales se desarrollan como esperamos o cómo queremos.
En definitiva, mi preocupación que sentía por perder el gusto de caminar se acaba de esfumar, gracias a la decisión de escribir esta reflexión mientras camino. Una idea que brotó, azarosamente, en medio de este hábito cotidiano que no quiero perder. Así no solo me moví por inercia, la cualidad más evidente que caracteriza a la manera en al que la monotonía se despliega en la vida de muchos.
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