La nostalgia y sus formas tan insólitas de aparecer
Asesinan a un jugador de Barcelona y siento consternación. No es una consternación profunda, pero sí intensa, creo yo. Porque me estoy conmoviendo de a poco, a la par de la nostalgia. Nostalgia que se manifiesta lenta, pero segura. Es una sensación de añoranza por una sensación especial, la que me provocaba el Barce que me apasionaba, el Barce que extraño.
Pero la consternación sigue, y me hace sentir culpable porque deberían conmoverme de la misma manera tantos casos que se conocen casi todos los días, de gente que muere abatida por sicarios. Qué horrible que eso ya sea parte de la cotidianidad en este país. No es justo. No podemos vivir con esa amenaza tan perversa que nos quita la libertad.
Ya no estoy consternado, ahora estoy indignado. Porque vivimos en un estado fallido, en acefalía, porque no hay gobierno, solo una pandilla de ineptos que quieren lucrar del estado. Pero ese no es el tema hoy.
Siento otra vez consternación al leer en un post de un medio de comunicación argentino, que dice que el asesinato a Mario Pineida "causó conmoción en toda Sudamérica". Y claro, sí tenía algo de prestigio en el continente, porque fue una de las figuras del Barcelona de Almada, en el 2016 y 2017, cuando mi equipo fue campeón nacional y llegó a semifinales de Libertadores. 'El Pitbull' fue una de las figuras y uno de los más entusiastas jugadores que demostraban quererle al equipo. Y eso que decían que Pineida era emelecsista.
Cómo emocionaba ese Barcelona de Almada. Era un equipo ofensivo y ordenado. En los partidos cruciales demostraban una calidad superior, lo que suelen llamar 'jerarquía' de los jugadores. Me acuerdo del partido en Brasil contra Palmeiras. No jugaban perfecto, incluso cometían errores o demostraban limitaciones, pero la actitud era muy importante.
Precisamente, en ese partido que lo recuerdo mirando ese video del bendito archivo de Youtube, Barcelona estuvo errático. El gol de Palmeiras fue responsabilidad de Mario Pineida que no pudo cubrir bien a los atacantes brasileros. Era un crack, pero con limitaciones. Como esa lentitud que no pudo esconder en ese partido. Así mismo era el Barce de Almada, un equipazo, pero con limitaciones, que me puso a soñar en un título de Libertadores, que no se hizo realidad, pero fue placentero tener ese sueño.
"Después de 19 años se mete entre los 8 mejores de América", decía el relator de FOX al final de esos penales inolvidables en Sao Paulo. Y expresando su asombro de que los jugadores se tardaron en festejar la victoria. Porque pensaban que el árbitro había sancionado algo. Pero no pasaba nada, solo era que no lo podían creer que estaban eliminando al mismísimo Palmeiras en Brasil.
Así se sentían más emocionantes estas victorias. Cuando mi equipazo limitado le sorprendía a un monstruo del fútbol sudamericano.
Era una sensación hermosa; fanatismo justificado. Lo que ahora no siento. Por eso estoy alejado del fútbol, pero nunca definitivamente, porque si el presente ya no me gusta, siempre habrá un pasado agradable por evocar.
Que descanse en paz, Mario Pineida.
Comentarios